En la ciudad, el tráiler reemplaza al gallo.
Desde temprano ya cacaraquea anunciando el tráfico, que a su vez, anuncia al sol.
Ojos pegados y cuerpo cansado no ceden ante la embestida del tiempo. Cinco minutos no reparan la agonía del sueño. Y hay que amanecer...
Realizar lo realizable. Conceder lo concedible. Dar lo dable... y bañarsse. Salir y correrse hasta la calle.
Todo es ya prisa por llegar. Tomar el metro y desresponsabilizarse de forma práctica por la demora: el metro tiene la culpa.
Caminar, correr volar, (¿corro, vuelo, me acelero?). Esquivar a los viene - viene que sacan carros aunque uno vaya pasando. Esquivar a los niños sobreprotegidos por sus padres que van a entrar a las escuelas. Esquivar la mirada de sus propios padres quienes a todos ven como si fueran secuestradores, aún más si uno camina rápido. Esquivar huecos, baches, troncos y basura que adornan nuestras calles.
Cuando todo es superado, uno se siente más alivianado. No obstante falta aún una prueba por lograr: los camiones se estacionan en la esquina del metro y la gente se baja en estampida rumbo al mismo, obstruyendo la vía a su paso y dejando sólo un pequeño lugar para transitar entre puesteros. Uno puede esquivar a todos por ahí, pero entonces, llega la prueba mayor: Doña Meche.
Aún no sabemos si Doña Meche es la misma de allá de Hualahuises, Nuevo León, quien mandó a pintar los arcos de la entrada del pueblo de color vino marrón después de que convenció a su pueblo y a su hija embarazada de hacerlo; por cierto, creo que también es tía de Quique. Así es que Doña Meche se baja del camión con su comadre y se ponen a platicar en el justo resquicio que queda para transitar rumbo al metro, de forma que el paso principal está obstruído y no hay vías alternas, pues los puesteros de "a 10 pesos" se quedan con todo el espacio.
Doña Meche logra su cometido: hacer que las prisas de la mañana se vean aún más vulneradas por su capacidad de obstrucción, cual sepulcro de Jesús, cual reformas progresistas, cual extreñimiento doloroso. Las prisas de la mañana tienen que aguantar... y sólo quedará, ahora, responsabilizar solidariamente al metro y a Doña Meche...
¡Quique!